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No
es raro que cada recital de los Redondos sea precedido por una marea
de especulaciones. Como casi nunca hablan con la prensa, lo que callan
suele traducirse al confuso idioma del chisme, el rumor y la leyenda.
La
Voz del Interior tuvo la oportunidad de dialogar de manera exclusiva
con los cerebros de la banda, y comprobar en directo cuánto de
verdad y de mentira hay en lo que se escribe y se dice sobre ellos.
No fue fácil. Hubo que aceptar algunas condiciones, como que
no se tomaran fotos. El resultado: un diálogo que dura más
de dos horas.
Mundo
redondo
Todo
comienza el martes por la noche, en la casona de Palermo Viejo, donde
residen Carmen “Poli” Castro (manager, encargada del montaje
del show) y Eduardo “Skay” Beilinson (guitarrista).
Falta
Carlos “Indio” Solari (cantante y letrista), que llega minutos
después, sin sus habituales gafas negras y con la indignación
a flor de piel. Dice que acaba de ver una cola de desocupados en la
calle, y aunque Skay le aclara que son devotos de San Cayetano, el “Indio”
sigue caliente.
No
para de despotricar: “Hay cierta obscenidad en estar tomando un
buen vino y, de repente, mirás el noticiero, ves lo que pasa
y se te pianta un lagrimón. A mí, me da bastante impotencia...
La propia cultura rock no es lo que era, no tiene la significación
que antes tenía”.
—De
todos modos, ¿Los Redondos mantienen intacta su influencia social?
—La
cultura rock determina actitudes a nivel estético y posee cierta
inercia. Pero no tiene el poder, ni es un agente de cambio. Uno que
ha vivido esta cultura, nota que hay otra manera de vivir la vida. Tal
vez sea posible influenciar a través de una canción, pero
es muy relativo. No hay una cohesión, no hay militancia. Se acabó
la aventura de la curiosidad, de no dejarse avasallar. Hoy, está
todo muy atomizado. Esa misma diversidad es lo que hace impracticable
todos los planteos políticos y sociales de las izquierdas.
–¿Hay
alternativas?
–Fijate
lo que pasa en este momento. Cuando el Estado es reemplazado por los
mercados, no podés hacer una revolución y bajar a degollar
a la Casa Blanca o a la Casa Rosada. Porque hay un tipo, “Chupete”
de la Rúa, que dice: “Yo sólo trabajo acá,
hago lo que puedo”. No hay muchas posibilidades en el mundo: o
sos Cuba o parte de la globalización”.
–¿Cuáles
son las consecuencias en la vida diaria?
–Todo
esto se vive con cierta impotencia, preocupación. La pugna que
hay en este momento no tiene la homogeneidad de una batalla ideológica.
Estalla en el pibe que se afana la recaudación de un taxi, se
escapa y lo matan; o el que toma rehenes. Ya no hay una multitud bajando
a la Casa Rosada con máuseres, ni una ideología que avale
esa actitud.
–Antes
dijo que era obsceno disfrutar los placeres de la vida ante tanta miseria.
¿Por qué?
–Uno
es bohemio y burgués. No me formé en la austeridad. Cuando
no tenía dinero, no pagaba mis cuentas para comprarme un buen
vino. Eso hace que, en el momento en que las cosas te van bien, te tomás
un buen vino o un buen whisky. En circunstancias como las actuales,
lo padezco. Hay como un fuera de escena de los actos de uno, porque
la mayoría de la gente mira el paquete de fideos para ver si
es más baratito...
–No
todo el mundo se sensibiliza por esa situación...
–Hay
gente, por supuesto, que no le importa un carajo, pero si uno tiene
una pobre sensibilidad nomás, se te hace difícil disfrutar
de la vida.
El
éxito y sus facturas
Ese
cruce entre un pasado bohemio y un presente voluptuoso da pie a un debate
arduo. Muchos acusan a Los Redondos de sostener una estética
de la marginalidad desde el bienestar.
–¿Todavía
les pasan factura por ser exitosos?
–Esto
se trata de soportar presiones, todo el tiempo. Incluso, en lugares
donde hay gente que debería estar informada, se habla al pedo.
Este verano, en el programa de Pergolini, pero sin él, los muchachos
del reemplazo estaban hablando de... ¿cómo se llama ese
pibe de River que se fue a Europa?
–Aimar
–Sí,
de Aimar. Comentaban que el pibe no da reportajes. De pronto, uno dice:
“Me hace acordar a los Redonditos, que dan notas sólo cuando
les conviene”. Eso es así. No damos reportajes fuera del
anuncio de lo que estamos por hacer, sea tocar o grabar un álbum.
No tenemos otra cosa que decir. Más allá de que puedo
hacerlo en las canciones y en actitudes que he mantenido a través
del tiempo.
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